MUERTE DE JUANCHO ROIS


Juan Humberto Rois Zúñiga ''Juancho", falleció el 21 de Noviembre de 1994 en un accidente aéreo, junto al piloto Pedro José Monsalve, sus compañeros Rangel Torres y Eudes Granados, cuando se dirigían a tocar una parranda en una población del Estado Anzoátegui al oriente del país, denominada ''El Tigre'', debían llegar aun estando de día, debido a que el pequeño aeropuerto donde iban a descender cerraba a las 8:00 de la noche, y ellos llegaron mucho después, esto ocasionó dificultad al piloto para poder aterrizar, debido a la oscuridad en que se encontraba el mismo a la hora de llegada de ellos, lamentablemente la avioneta chocó contra el pavimento dejando a sus ocupantes gravemente heridos, los cuales fueron trasladados al hospital mas cercano con el resultado fatal que ya conocemos. Juancho, Eudes y Rangel fallecieron horas después, los tres recibieron cristiana sepultura en sus pueblos natales como debía ser, en medio del llanto, la tristeza, y una gran melancolía, así fueron despedidos tres personajes que dieron mucho por el folklore vallenato, uno con sus notas en el acordeón y sus composiciones, el otro con su fluidez y distinción para interpretar el bajo, y el ultimo un excelente técnico que conocía a cabalidad el corazón de un acordeón, con todo y sus vértebras, hoy están en la gloria de Dios, junto a otros grandes de la música vallenata, quizás también por allá estén difundiendo y honrando el folklore que siempre llevaron en su haber.

A comienzos de la década del noventa, la agrupación vallenata que comandaban Diomedes Díaz y Juancho Rois alcanzó una inusitada fama en Colombia y el exterior. Diomedes era un ídolo del folclor colombiano y Juancho Rois, además de ídolo, comenzó a ser considerado el mejor acordeonero de la música vallenata. Era, en otras palabras, la pareja musical de moda.
Octubre y noviembre de 1994 fueron muy activos para el popular grupo, pues abundaron las presentaciones en varios centros musicales de Estados Unidos y después en la ciudad de Valencia, Venezuela. Al día siguiente del último toque, todos viajaron en bus hacia Caracas con la intención de regresar a Colombia y cumplir una extensa agenda de giras.

En el hotel Las Américas, donde se alojó la mayoría de los integrantes del conjunto, Juancho Rois habló de un compromiso adquirido con el teniente José Gutiérrez, ex integrante de la Guardia Nacional, con quien lo unían estrechos lazos de amistad. Gutiérrez quería celebrar su cumpleaños con la animación del grupo vallenato que se conformó, horas antes del viaje, con el acordeonero Rois, el bajista Rangel Torres, el guacharaquero Jesualdo Ustáriz, el cajero Tito Castilla y el técnico de acordeones Eudes Granados.

A las 5:30 de la tarde de aquel 21 de noviembre, los cinco músicos abordaron, en el aeropuerto de Maiquetía de la capital venezolana, la avioneta Cessna Piper YV-628P, rumbo a la localidad de El Tigre, estado de Anzoátegui, donde los esperaban el teniente Gutiérrez, los invitados y el cantante Enaldo Barrera, Diomedito, quien iba a reemplazar a Diomedes Díaz, quien decidió permanecer en el hotel Caracas Hilton.
—Había mal tiempo, estaba lloviendo —recuerda Dalia, según
le contaron los sobrevivientes—. Las luces del aeropuerto estaban apagadas y parece que hubo sobrepeso. No se sabía dónde aterrizar, todo estaba a oscuras. El piloto intentó tomar la carretera, pero la avioneta se estrelló contra una torre eléctrica. Me dijeron que Juancho alcanzó a gritar: “¡No me dejen morir!”.

Los testigos, directos e indirectos, coinciden en afirmar que la avioneta chocó por el costado izquierdo con una antena de transmisión y luego cayó en un descampado, entre árboles y hierba de poca altura. Aún es un misterio si el piloto, al observar el cierre del aeropuerto de Santomé, de El Tigre, se había orientado hacia Ciudad Bolívar, ubicada a setenta kilómetros del sitio trágico.

Juancho Rois y Rangel Torres fallecieron minutos después del accidente, cuando eran atendidos en el hospital Zambrano, ubicado en la población de Barcelona. Se salvaron Jesualdo Ustáriz y Tito Castilla, quienes han repetido infinidad de veces los pormenores de la tragedia. Eran las 7:30 de la noche y minutos después Dalia Zúñiga, sentada frente al televisor, entraría en un estado de desesperación que ahora, 15 años después, aún recuerda con llanto.



El rostro de Dalia Esther Zúñiga sigue recibiendo con estoicismo las lágrimas que comenzaron a derramarse desde la noche del lunes 21 de noviembre de 1994, cuando murió su hijo Juan Humberto Rois Zúñiga, Juancho Rois.

En su casa de San Juan del Cesar, La Guajira, todo gira en torno al célebre acordeonista que impuso su estilo y que en vida dio la más grande muestra de calidez humana. Tiene un cuarto, museo lo llama ella, con cuadros de la vida y obra musical del artista.

Están los momentos gloriosos al lado de familiares y amigos. Todo hace indicar que en San Juan del Cesar, y en ese rincón ubicado en la carrera 10 número 4-27, Juancho Rois está aún vivo.
A la entrada de la casa descuella una imagen a escala de Juancho, dándoles a todos la bienvenida. Tiene un ademán de “todo bien”, la camisa, el pantalón y las botas que más le gustaban.

Dalia se acomoda en su mecedora y comienza a hablar de lo que nunca ha dejado de hablar: de su querido hijo.

“De Juancho Rois tengo todos los recuerdos, principalmente su hijo. Para mí, Juancho Rois no ha muerto. Él sigue viviendo, por eso en este espacio que es mi casa se nota su presencia en todos lados”.

Despacio va sacando todas las reliquias que guarda de su hijo. Y en medio de fotos, discos y centenares de detalles expresa “el último recuerdo que tengo de Juancho fue el día de su matrimonio, que fue el día más feliz de su vida. En esa fecha pasó lo más bonito, nos unimos más nosotros. Cuando él me vio que llegué a Montería, me dijo: me has hecho feliz, porque creí que no venías. Nos abrazamos largamente y me dio un beso”.

En ese preciso momento el dolor se estaciona en su garganta y las lágrimas toman forma de testimonio silencioso en sus ojos y no puede hablar más.

Arrebatando de un tajo el dolor replica: “con Juancho se me fue más de la mitad de mi vida. A Juancho me lo regaló Dios un 25 de diciembre”.